Mi historia vital a través de cinco etapas

Todos hemos tenido momentos clave o puntos de inflexión, que nos han marcado.

Mi historia, quizá te parezca igual que cualquier otra, o quizá, te sugiera algo totalmente diferente.

Permíteme que te cuente, a través de cinco etapas, cómo mis puntos se han conectado y he llegado hasta aquí.

“No puedes conectar los puntos hacia delante,

solo puedes hacerlo hacia atrás.

Así, que tienes que confiar que los puntos

se conectarán alguna vez en el futuro”

Steve Jobs

De niña a mujer

Soy la pequeña de dos hermanos, me he criado en un ambiente muy masculino, jugando a vaqueros e indios. A los tres años empecé a practicar el arte marcial del Taekwondo junto a mis hermanos, por lo que se me da muy bien reaccionar con eficacia ante una amenaza. Llegué hasta el cinturón azul-marrón. Ser la pequeña de dos hermanos “chicos” te hace estar siempre a la defensiva, así que desde niña empecé ya a formar mi máscara de dureza.

Nací un 22 de julio a las 22 horas, un número mágico que marcó mi esencia entre la sensibilidad de Cáncer y la garra y fuerza de Leo.

Me eduqué en un colegio religioso. Era una niña alegre y feliz, a la que le gustaba bailar, cantar, jugar y soñar despierta. Nunca tuve vergüenza. A los nueve años fui elegida para representar un alto cargo fallero en mi ciudad, por lo que tuve que dar discursos ante multitud de personas. Ahí empezó mi pasión por la comunicación.

En el instituto comencé a estudiar la rama de ciencias puras, la física y la química no eran lo mío, así que me cambié a letras mixtas y entonces, ya todo fue bien. 

Por las mañanas estaba en la oficina de mi padre, que era empresario, enseñándome a gestionar la administración de las empresas.

Durante ese tiempo se instalaron en mi interior las creencias de que “todo en la vida supone un esfuerzo”, “si quieres ser alguien tienes que trabajar duro”, “el dinero no cae de los árboles”,cuanto más tiempo trabajes, más ganarás”, etc.

Esos años me hicieron madurar al adquirir responsabilidades, pero también me hicieron consciente de algunas cosas que no quería para mi futuro. Elegí ir a la Universidad y estudiar lo que yo quería. Así que rompí las normas, pagué las consecuencias y estudié una carrera que en aquél entonces era totalmente innovadora, Turismo.

Mientras estudiaba, trabajaba de azafata de eventos y guía turístico, mi objetivo era ganar mi propio dinero y no depender de nadie.

De mujer a profesional

Al finalizar la carrera empecé a trabajar en el sector turístico. Trabajé cuatro años para “Viajes el Corte Inglés” captando empresas y organizando viajes de grupo. Me di cuenta que me gustaba el mundo de la organización de eventos y quería que se me reconociera por mi trabajo y mis logros. Dejé el trabajo para irme a estudiar un Experto Universitario en Protocolo y ceremonial en la Universidad de Elche (Alicante). Siempre era yo la que dejaba los empleos, no porque no estuviera a gusto, sino porque cuando notaba que ya había aprendido todo, mi cuerpo me pedía un cambio. Pensé que sería una eterna insatisfecha, pero en realidad tenía que arriesgar y probar. El trabajo como ejecutiva de cuentas me hizo adquirir desenvoltura en ventas, así como aprender a observar y a escuchar al cliente.

Cuando acabé mis estudios de protocolo me contrataron como cargo de confianza en un ayuntamiento. Con 27 años empecé a gestionar el departamento de protocolo y prensa, y me metí de lleno en política. Vivía para trabajar, apenas tenía vida personal. Era una mujer con poder absorbida por el estrés del trabajo. Esos años, me hicieron desconectar totalmente de mi esencia, trabajaba en un entorno tóxico lleno de envidias y me puse muchas capas con el fin de protegerme. Me convertí en una mujer fría.

Mi crisis existencial a los 30

El trabajo organizando eventos oficiales y gestionando la relación con los medios de comunicación me gustaba, pero mi auto-exigencia y perfeccionismo, así como no tener ayuda de nadie, me frustraban. Trabajaba para hacer brillar a los demás mientras perdía mi propio brillo. Pero el cuerpo, que es sabio, empezó al cabo de cuatro años a mandarme avisos, a decirme que era momento de volar, que ahí no iba a encontrar lo que buscaba. Me rompí en mil pedacitos. 

Había permanecido tan alejada de mi, que durante esos cuatro años no había podido derramar ni una sola lágrima. Tras un ataque de ansiedad, así como padecer ciática y diversos dolores musculares, decidí que lo mejor era empezar a mirar por mi, cuidarme, sanarme y empezar a amarme.

 

Fue mi despertar, quién ha pasado por ello, lo entenderá. El momento en el que te cuestionas por qué estás aquí, cuál es tu propósito en la vida, si hemos venido a sufrir, o si tenemos una misión que cumplir.

De la crisis, a renacer y emprender

La crisis, como todas, fue en realidad una grandiosa oportunidad. Pues sin ella, hoy mis puntos no se habrían conectado. Esos momentos encerrada en mi misma, me hicieron conocerme. La soledad es un aprendizaje constante. Hubo instantes que no podía mirarme al espejo, pero gracias al apoyo de un coach, a mi familia, y a los libros de Louise Hay, entre otros, empecé a aceptar lo que me pasaba, a ponerle nombre a mis miedos y, poco a poco, a poder enfrentarlos. Los meses que pasé en casa me permitieron centrarme en mi, y establecer un nuevo rumbo para mi vida profesional. 

Me perdí para poder encontrarme. Y es que ya lo dicen, a veces, hay que parar para saber donde se está, coger aire y poder continuar.

Sin saberlo, comencé a crearme mi marca personal, lanzando un blog que en dos años me llevó a escribir un libro de motivación, Motívate y Emprende en comunicación y eventos”.

Y así es, como empezó mi aventura emprendedora, tenía claro que era el momento de recuperar esos sueños que había dejado apartados durante mucho tiempo.

De emprendedora a Mujer consciente que sigue creciendo

Emprendí en 2012 con un proyecto de agencia de comunicación y eventos, cometí muchos errores y aprendí de cada uno de ellos. Mi pasión por la comunicación y el autoconocimiento, me llevó a realizar conferencias motivacionales por toda España, descubriendo así, que crecía cuando compartía con los demás.

 

Mi proyecto de agencia, derivó en hacer grande mi marca personal, pues era yo la que gestionaba y trabajaba con los clientes, así que aposté por mi de pleno.

He dado muchas vueltas hasta encontrar un logo que me identifique y poder definir mi propuesta de valor y servicios. A veces, pensaba que sabía hacer tantas cosas que era complicado encasillarse o focalizarse, pero con el tiempo, aprendes a descubrir lo que realmente te apasiona y a poner tu talento al servicio de los demás. Solo hay que tener paciencia, ser muy constante, y no dejarse arrollar por las emociones. Y en ese camino estoy actualmente, haciendo consciente mi inconsciente, prestando más atención a mi cuerpo y a los mensajes que me envía.

 

Y compartiendo con cada persona que me encuentro, mis talentos, porque la vida nos los da para algo, para construir un mundo mejor y ayudar a otras personas a vivir en armonía y descubrir su verdadera razón de SER.